Fondos para biodiversidad: ¿peligro o solución?

«Centrarse en aumentar la financiación para el cambio climático o la biodiversidad es una distracción de los debates urgentes sobre las causas profundas de la pérdida de biodiversidad o del calentamiento global», advierten expertos. ¿Se está mercantilizando la biodiversidad y relegando a actores más eficientes y sostenibles para la conservación?

MGT, 8 de enero, 2025.- Frenar la pérdida de biodiversidad depende de tomar las acciones necesarias e iniciar transformaciones profundas, y no de centrar las soluciones en fondos millonarios.

Así lo advierte André Standing, integrante de la Coalición por Acuerdos Pesqueros Justos (CFFA), alertando cómo la imposición de un enfoque financiero posterga las transformaciones necesarias para preservar la biodiversidad.

En una entrevista para Acción Ecológica el experto reveló que esto está pasando inadvertido en los principales debates y espacios de decisión de protección y conservación de la biodiversidad, como los de la propia CBD.

Cifras disparatadas

Standing calificó como «disparate» que se hayan calculado 700 000 millones de dólares anuales para salvar la biodiversidad. Sin embargo, lo que más le sorprende es la facilidad con ha calado esta cifra en los espacios de más alto nivel, tomándola como meta.

Pero ¿Cómo ocurrió? Standing explica que ello se remonta a un informe actualmente muy influyente: Financiar la naturaleza: Cerrando la brecha financiera global de la biodiversidad, el cual presenta esta cuantificación.

Sin embargo, Standing cuestiona a este documento criterios como el asumir que toda gasto hecho en conservación de la biodiversidad es efectivo, sosteniéndose sobre la premisa que a más dinero más éxito en la conservación.

“[El informe] asume que cuando el Banco Mundial informa que ha gastado millones en un proyecto destinado a reformas forestales o pesqueras, ese dinero ha tenido éxito”, reveló.

No es un informe, es marketing

Standing reconoce que no hay certeza sobre en qué factor radicaría el éxito de preservar la naturaleza, pero sí está claro en que este factor no es el dinero, animando más bien un efecto contrario.

Ello debido a que se impone un enfoque financista que marca un horizonte de mercantilización de la conservación, donde esta es vista como un negocio.

En consecuencia, se impone una mirada de rentabilidad por encima de la eficacia ecológica.

Así, emergen con mayor poder otros actores –los inversores– relegándose a aquellos realmente efectivos como los pueblos indígenas y comunidades locales, por ejemplo.

Y es que, si bien establecer una cifra y cómo se llega a ella depende mucho de la mirada que se adopte.

Sin embargo, aceptar este enfoque es ceder mucho poder al sector financiero privado, quienes se sostienen en la narrativa que existe un déficit de financiación y que se requiere la intervención privada, explica el experto.

Standing también advierte que junto a este documento, al que califica de “marketing” y no de informe, hay todo un corpus que respalda la premisa del déficit, siguiendo la misma fórmula.

Ello debido a que este y otros documentos que hoy guían las soluciones para la biodiversidad y también para la crisis climática provienen de consultores y expertos provenientes del sector financiero como economistas, banqueros y exfuncionarios del sector económico.

Estos no ven las causas subyacentes de ambas crisis (biodiversidad y climática), y más bien buscan sacar un provecho financiero de estas, refiere Standing.

«Centrarse en aumentar la financiación para el cambio climático o la biodiversidad es una distracción de los debates urgentes sobre las causas profundas de la pérdida de biodiversidad o del calentamiento global, como la necesidad de dejar los hidrocarburos en el suelo, de producir y transportar menos manufacturas y de que el Norte global consuma menos, y de respetar los derechos colectivos, de los pueblos y de la naturaleza», André Standing.

Estas observaciones nos alertan del peligro de la monetización y corporativización de la biodiversidad, así como de la exclusión de actores más efectivos y sostenibles para la conservación.

De esta forma, bajo una apariencia de participación, quedan ocultas las asimetría entre los actores así como sus intereses divergentes.




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