Gobernaza devuelve a territorios fragmentados potencial de conservación
La gobernanza y conectividad son claves para incrementar la resiliencia en los denominados territorios indígenas fragmentados, volviéndolos potenciales territorios de conservación.
MGT, 15 de diciembre, 2024.- Considerados perdidos e inviables para la conservación, los territorios fragmentados han sido usualmente vistos como algo negativo.
Sin embargo, dada la complejidad de efectos que produce la fragmentación de territorios, es necesario discutirlos desde diversos frentes para poder comprender y determinar sus impactos en la biodiversidad.
Estudios recientes sugieren que los territorios fragmentados, es decir, aquellos que han sido divididos en secciones pequeñas y aisladas, también demuestran un potencial de conservación.
Estos, conocidos también como archipiélagos de territorios indígenas (AIT, por su sigla en inglés), no han sido considerados como prioridad para la conservación.
Pero, al escasear los grandes paisajes homogéneos o continuos, la mirada conservacionista se vuelve hacia ellos.
Y es que un análisis de los AIT de la cuenca amazónica encontró que estos cubren el 45 por ciento del área total que abarcan los territorios indígenas.
Asimismo, un paisaje fragmentado, pero heterogéneo y conectado, puede concentrar el mismo número de especies que aquellos formados por hábitat continuo.
Dada esta magnitud, de otro lado hoy también se pone en relieve cómo la conservación y la resiliencia de estos territorios se vinculan estrechamente a las conexiones políticas y culturales de los pueblos que los habitan.
Es decir, podemos afirmar que las estrategias de conservación alineadas a prácticas y estructuras de gobierno indígenas, o sea, a la gobernanza y gestión del territorio, son más efectivas.
Si bien desde la mirada actual de la conservación como de sus políticas este enfoque aún carece de suficiente fuerza, es posible apostar por un fortalecimiento de las prácticas y dinámicas de conservación desde los propios pueblos indígenas.
Esta conexión es precisamente la que rescata, por ejemplo, la experiencia del Mecanismo de Gobernanza Territorial (MGT).
Es así que a través de la implementación de pequeñas iniciativas piloto aplicadas en territorios muy puntuales (comunidades), estas han apuntado a fortalecer la gobernanza en ámbitos como la protección del territorio, el ambiente, los conocimientos ancestrales o la propia economía local.
De este modo se enfrenta a aquellas amenazas latentes mayores que se ciernen sobre los pueblos indígenas como las invasiones motivadas por actividades extractivas, economías ilegales, el cambio climático, la pérdida de biodiversidad, entre otras.
Mayor resiliencia
Sin ser vistos como prioridad para la conservación y soportando incluso mayores presiones, lo que se busca es cambiar el enfoque frente a los territorios fragmentados, reconociendo su potencial de conservación, sin dejar de lado el rol que cumple la gobernanza.
Esto impacta en la resiliencia del ecosistema de dichos territorios, es decir, en su capacidad para resistir, absorber y recuperarse de aquellos cambios –a veces irreversibles– que los pueden afectar, permitiendo el movimiento e intercambio necesarios entre individuos, genes y especies.
